Prostitutas, morfina y El Dorado
Puede que algunas personas aprecien la manía persecutoria del presidente Bush y sus secuaces sobre el "Eje del Mal", o, traducido al castellano actual, sobre los "pueblos pobres economicamente y oprimidos dictatorialmente" o "pueblos ricos en petróleo y pobres en sociedad". Pero cuando esos poderosos se venden cual ratas al mejor postor (es decir, las grandes compañías petroleras) por unos pocos millones de barriles de petróleo... ¡Por dios! ¿Realmente nadie se retuerce en la putrefacción de esta civilización a la que llamamos "occidental"? Más aun, ¿deberiamos llamarnos civilización?
Que si, que si... Que ya sé que está genial para mi abrir mi grandisima bocaza y soltar burradas sobre estas impropias gentes y no hacer nada. ¿Y qué? ¿Acaso puedo hacer algo? En fin... Para que negarlo, seguramente este mismo texto sea revisado por algún gurú americano del DoD solo por contener palabras como "Bush" o "Iraq". ¿Y a quién le importa? ¿Te importa a ti? ¿Me importa a mi?
Pues debería importarnos. Porque nuestra libertad se está viendo grabemente violada por los tiranos que se niegan a reducir sus emisiones contaminantes a la atmósfera o que desobedecen los mandatos (ahora considerados "opiniones") de la ONU, cuya creación se fundamentó en el sueño de no volver a permitir un holocausto como el de la Segunda Guerra Mundial, y que ahora se vé dilapidado sin más miramientos.
¿Alguien se siente cómplice de esta gente? Yo si. Pero eso no significa que los apoye. Todos somos complices involuntarios de esta tragedia, la cual no hubieramos podido evitar de ninguna manera. Solo nos queda la resignación, y quizás el sueño de educar a nuestros futuros hijos esperando un mundo mejor donde la gente se respete y deje de discutir por absurdas lineas marcadas sobre los mapas o por pestilentes minerales fósiles.
El futuro es nuestro. ¡Pongamos nuestra semilla!



Hoy quiero hablaros de una serie que descubrí hace no demasiado tiempo. En un ambiente puramente post-apocalíptico, la serie está cargada de acción y sentimientos humanos. Si bien los actores no sobresalen por su carisma y buen actuar, las historias son bastante buenas.
Los supervivientes se reúnen en pequeños poblados donde intercambian bienes que consiguen encontrar o que ellos mismos fabrican para la venta. Hasta un simple caramelo puede ser un tesoro.





