Entre las tinieblas de la realidad persigo un objetivo, que se difumina en el escenario de los sueños: la felicidad. ¿Dónde está ese esquivo tesoro?
Navego entre los segundos, los minutos, las horas, los dias, las semanas y meses de mi vida, sin encontrar ni rastro de ella. La presión del paso del tiempo se apoya sobre mi ya cansada espalda, sin que mis pies a penas puedan soportar su peso.
Mi travesía ha sido larga y tediosa, pero a la vez bastante poco monótona. El recorrido ha ido variando según los vientos que soplaban, arrastrandome a nuevas e insospechadas orillas de la vida. He conocido el odio y el sufrimiento; crueldad y desdicha; miedo, e incluso terror. He soportado el maltrato, tanto físico como psicológico por parte de mucha gente (menos de mis padres, todo sea dicho, que son una maravilla pese a lo mucho que discutimos). Sobre mi ha caído una continua cascada de burlas y críticas por parte del mundo que me rodeaba.
¿No soportaban mi sobrepeso? ¿No aguantaban el loco rodar de mi mente? ¿Detestaban tanto mi música o mis ideas? O quizás temían mis paranoias tecnológicas. No lo se, la verdad, y poco me importan sus razones. En todo caso, no deberian de haber hecho nada.
Pero por otra parte, casi tengo que agradecerselo a todos. Gracias a como me trataban, aprendí buenas lecciones sobre la gente. Ahora soy mejor persona, seguramente por ellos. Tengo una mejor visión de las cosas. Trato bien a la gente, para mi todos son iguales. Defiendo a quien debo defender.
Los nefastos momentos que tuve que soportar en el colegio e instituto, con las ya tradicionales palizas de la entrada por las mañanas, y los gritos y abucheos en la piscina o en gimnasia, acabaron por minar la poca confianza que podía tener en mi mismo. Me hicieron un maravilloso regalo: considerarme una mierda, una preciosa y enorme bola de estiercol mezclada con los sinsabores del metano.
Dejé el colegio a los 13 años para seguir mis estudios en el instituto. Esperaba encontrar nuevos aires allí. Pero no deberia de haberme hecho ilusiones: también allí crecía la moñiga. Al menos cambió: ya no me daban palizas. Pero las formas de ridiculizarme empeoraron con el paso de los años. Desde las pintadas ofensivas en las paredes de la clase, hasta los gritos por el pasillo. Raras excepciones eran las personas que me trataban bien.
Pero también conocí a personas que merecieron la pena y que cambiaron el rumbo de mi viaje para siempre. Conocí a "R", que me enseñó lo que era tener una persona que de verdad te demostrase lo mucho que te quería y apreciaba. Ella sigue siendo una de las personas más importantes de mi vida, pese a que ya no nos vemos tanto como deberiamos. Puede que ella misma no lo sepa, pero cambió mi vida para siempre, como nadie lo había hecho jamás. Pasé de ser el petate que soportaba todo y que acababa por pasar del asunto, a ser una persona abierta y alegre. Me sentí querido. Era mi verdadera amiga.
Y dios, lo sigue siendo. Hoy he estado con ella, y mentiría si dijera que no me ha dejado indiferente. Siento un tremendo impulso por cuidarla, por protegerla, por ayudarla a solucionar sus problemas. Quiero saber que se encuentra bien y que tenga en su preciosa cabecita bien grabado que estoy para lo que ella necesite. Haré lo que sea por ella.
Si, he tenido muchas tinieblas en mi vida. No son nada comparadas con las que han tenido otros, lo sé. También han pasado más cosas de las que no he contado, por supuesto, pero tampoco soy tan indiscreto como para contarlas. Además, no hace falta.
Quiero decir a todas esas personas que siempre han estado junto a mi, que no me han hecho daño alguno jamás de forma voluntaria, que me han ayudado y apoyado siempre que lo he necesitado, que me quieren y que las quiero, que siguen ahí o se han marchado ya, que viven o que han fallecido... GRACIAS. Eso tengo que decirlas.
Porque aunque la vida haya sido una gran nube de tinieblas y horrores, ellos han brillado como estrellas en la oscuridad de la noche. Han sido mi aliento en muchas situaciones, y su simple recuerdo ya me hes reconfortante. Son varias personas, y no diré sus nombres porque ellos bien saben quienes son. Os quiero chic@s.
Hay mucha clase de gente a mi al rededor. Unos buenos, otros malos. Me sigo sintiendo ajeno a todos ellos. Me sigo sintiendo un ente extraño y ridículo ante ellos. Me siento inferior en casi todos los sentidos a mis semejantes. ¿Es solo una pataleta? Quizás cuando me quejo si lo sea. Pero aun asi, es lo que siento en mi interior. ¿Cómo puedo competir con gente tan viva? Soy un friki, estoy encerrado en mi mente. ¿Me rescatarás de mi mente tu? ¿Te atreverás a entrar y conocerme?
Dimelo. Estaré encantado.